Con mis manos ya estropeadas,
doloridas por lo pasado,
y aún que me quede con ellas en carne viva,
y parezcan las manos de la muerte que se vean los huesos y tendones que la mueven...
Continuaré este camino,
esta batalla y aun que me quede sin ellas y cuando llegue el día no pueda acariciar tu rostro me dará igual,
porque podré verte y sentirte en mi cuerpo.
Acariciarte no, pero eso no es nada... Porque mi pecho sí podrá y mis labios también.
Y a pesar de que pierda más partes de mi cuerpo en la batalla habrá una que sobreviva,
mi corazón.
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